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Artículos & opinión experta


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23-06-2014

Y cuando salgamos del túnel, ¿Qué?

Ya se empieza a ver la luz al final del túnel, pero el paisaje que nos encontraremos al salir, se parece poco al que había cuando entramos



Hemos vivido devorados por un agujero negro

Cada vez se van oyendo más y más voces, y no me refiero a las del gobierno, que nos anuncian que las cosas están empezando a cambiar. ¿Será cierto por fin aquello de los brotes verdes? Sea cierto o no, nos encontramos en una nueva situación de la que la mayoría de empresas no es consciente.

La realidad de estos últimos 7 años se ha visto devorada por la situación de crisis que hemos vivido, pero más allá de este agujero negro que nos ha absorbido toda nuestra atención y energía, han ido pasando cosas, y son cosas muy importantes.

 

La solución hasta ahora ha sido la austeridad

Durante esta larga travesía, las empresas que han logrado sobrevivir, se han visto forzadas a fuertes reajustes, a nivel de personas, de eficiencia de procesos, de control de gastos..., en definitiva de austeridad. Y esta austeridad ha llegado a tal punto que no nos hemos limitado a tocar aquellas cosas que quizás podían estar un poco sobredimensionadas o superfluas, sino que hemos llegado a tocar cosas vitales que, para garantizar la continuidad de las empresas, han significado serios sacrificios para las personas.
 

La realidad ha cambiado

Sí, efectivamente resulta que las cosas están cambiando, pero cuidado ante la tentación de pensar que nos podemos relajar. El modelo de empresa del que venimos y que ha sido modelo de éxito durante muchos años ya no es válido en el entorno actual.
 

Tenemos empresas organizadas para operar de forma excelente en mercados conocidos, con acontecimientos previsibles y reglas establecidas, pero la realidad de hoy en día ya no es simple sino compleja, ya no es previsible sino incierta, y en este entorno las reglas que teníamos ya no funcionan.

 

Una oportunidad para reinventarnos

Estos cambios que se han producido se han visto enormemente acelerados por el gran impacto que ha tenido y siguen teniendo las nuevas tecnologías. Éstas, nos permiten tener acceso a ingentes cantidades de información, nos permiten nuevas formas de organización, nuevas maneras de entender el trabajo, nuevas formas de relacionarnos, nuevas formas de organización social... Este es un terreno muy nuevo para todos como personas y como empresas y el potencial que nos da, si sabemos aprovechar las oportunidades que se nos ofrecen, es literalmente inimaginable.
 

Del mundo deductivo al inductivo

En estos entornos complejos no nos sirve la forma en que abordamos tanto los problemas como las oportunidades. Un entorno complejo por definición no tiene límites. Es por eso que si lo queremos atacar desde el método tradicional nos estrellaremos.

Tradicionalmente, antes de embarcarnos en cualquier proyecto necesitamos analizarlo en su totalidad, entender sus entresijos, prever los resultados de nuestras actuaciones, en definitiva maximizar la sensación de control sobre los acontecimientos que se producirán. Vamos de lo general, el dominio de la situación, a lo particular, la obtención de resultados.

 

“En un entorno complejo, todas estas premisas son imposibles, y si nos basamos en ellas estamos condenados al fracaso.”

 

Para poder operar en la complejidad, el enfoque es justo el contrario, a partir de la obtención de resultados particulares, vamos construyendo un resultado global que no conocemos de antemano.

 

Las personas la parte fundamental de cualquier proyecto.

Toda organización se basa en el funcionamiento conjunto de una serie de procesos ligados a una metodología y/o tecnología. En un entorno estable limitándonos a este enfoque podíamos sobrevivir, si buscábamos algo más, entonces apostábamos por las personas.

A día de hoy esta apuesta ya no es opcional, si queremos movernos en entornos complejos sólo lo podremos hacer a partir de las personas. Son éstas las que, a partir de sus conocimientos, habilidades y sobretodo actitudes, nos permitirán ese grado de visión, agilidad y adaptación constante e imprescindible para gestionar entornos complejos.

 

No hablamos de estrategia, hablamos de transformación organizacional

Concluyendo, el reto que nos depara el futuro, que ya está aquí, es el de transformar nuestra empresas y negocios en organizaciones flexibles, capaces de adaptarse, de mutar, de innovar, de reinventarse, de dialogar con los de dentro de la empresa y con los de fuera, de renovar productos y servicios, de conocer mucho más a los clientes,.... Esto no implica un cambio de estrategia, esto demanda un proceso de transformación organizacional profundo, que, si ser un proceso trivial, si se fundamentan y consolidan bien los pasos y se integra en la cultura de la empresa, los éxitos están garantizados.


Sin olvidar pero a la personas, ya que “si quieres obtener resultados diferentes debes hacer cosas diferentes, y para hacer cosas diferentes debes pensar diferente.” 

 








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